Viña Encierra celebra sus primeros 25 años y llega a este hito reafirmando algo esencial: su identidad como viña familiar, donde el lugar y las personas dan forma al carácter de cada vino. Bajo el liderazgo de María Ignacia Eyzaguirre, la bodega vive una etapa que une historia, trabajo sostenido y una mirada que proyecta el legado hacia las próximas generaciones.
La historia de Viña Encierra
Viña Encierra fue fundada en el año 2000, pero su origen se construyó mucho antes. La semilla del proyecto nace del trabajo y la visión de Jorge Eyzaguirre Correa, padre de María Ignacia, y figura clave en el desarrollo vitivinícola de Colchagua. Él fue el impulso detrás de Viña Los Vascos, uno de los primeros proyectos en llevar los vinos del valle al extranjero.
En tiempos en que Colchagua aún no figuraba en los mapas internacionales, Jorge viajaba, presentaba vinos y convencía a importadores de que este territorio tenía un carácter propio y un potencial enorme.
Cuando llegó la alianza con Domaines Barons de Rothschild y luego la venta del proyecto, la familia tomó una decisión decisiva: conservar parte de la propiedad original. Más que una superficie agrícola, era un lugar cargado de historia, trabajo y pertenencia.
De esa decisión nació Viña Encierra: una viña íntima, profundamente ligada al territorio y sostenida por un legado familiar que sigue muy vivo.

María Ignacia: la voz y la dirección de Viña Encierra
María Ignacia creció en el campo y siempre lo sintió como parte de ella. Esa relación natural con la tierra la llevó a estudiar agronomía y luego especializarse en enología, un camino que formó una mirada técnica, sensible y muy práctica del vino.
Durante su formación, el profesor Felipe de Solminihac marcó un antes y un después. Sus clases de vitivinicultura y viticultura destacaban por la claridad, la cercanía y un enfoque profundamente aplicado al día a día del viñedo. Su método directo y su solidez como docente dejaron una huella que todavía guía su forma de trabajar.
Cuando asumió la dirección de Viña Encierra, el escenario no era simple: una estructura pequeña, un equipo reducido y muchos procesos por construir. Ordenar, definir y proyectar la viña requería visión y calma. Ella lo hizo a su manera: con un liderazgo firme y coherente.
Hoy, ese estilo se refleja en los vinos, que conversan honestamente con quien los bebe.
Viña Encierra: una viña boutique con identidad propia
Viña Encierra se ubica en San Diego de Puquillay, en pleno corazón de Peralillo, un rincón de Colchagua donde el paisaje cambia con las estaciones y el viñedo marca el ritmo del día. Allí, los cuarteles de Carmenère, Cabernet Sauvignon, Syrah, Petit Verdot, Mourvèdre y Cabernet Franc se manejan con precisión, buscando la mejor expresión de cada variedad según su comportamiento real.
El clima mediterráneo del valle —días cálidos, noches frescas y estaciones marcadas— favorece una maduración equilibrada. Los suelos, mezcla de arcillas lacustres, antiguos materiales volcánicos y zonas de pizarra, aportan profundidad y tensión natural a los vinos.
Un legado que se proyecta en la nueva generación
Uno de los mayores orgullos de María Ignacia es ver a sus dos hijos, Antonia y Andrés, integrarse de manera natural al proyecto. No se trata solo de continuidad familiar: es la confirmación de que la forma de vivir la viña —estar presentes, observar, valorar el trabajo diario— también se hereda. Ellos crecieron recorriendo este lugar y hoy aportan su propia mirada y energía al desarrollo de Viña Encierra.
Con su participación, la viña mantiene aquello que siempre la ha definido: un proyecto familiar que construye su historia trabajando, paso a paso, sin perder su esencia.
Cuando piensa en el futuro, María Ignacia lo hace con convicción. Sueña con que Viña Encierra sea cada vez más reconocida dentro y fuera de Chile, tanto por la calidad de sus vinos como por consolidarse como una experiencia enoturística de lujo en el Valle de Colchagua.
También anhela que el proyecto siga pasando de generación en generación, que cada integrante aporte algo propio y que la viña continúe viva, creciendo y fiel a la identidad que la vio nacer.

la celebración
Los 25 años de Viña Encierra se celebraron con un almuerzo íntimo, rodeado de amigos cercanos y de quienes han acompañado a la familia y al desarrollo de la viña. Entre conversaciones y anécdotas, la mesa se llenó de fotos antiguas, etiquetas guardadas por décadas y botellas que cuentan la historia familiar mejor que cualquier archivo.
Aparecieron vinos emblemáticos, como Los Vascos Carmenère 1984 y Porel 2018, dos referencias clave para entender lo que se ha construido y lo que hoy inspira a Viña Encierra. Fueron brindis llenos de emoción, porque esos vinos no solo hablan de un tiempo y un lugar: hablan de Jorge, de la familia y del origen que sostiene lo que hoy es Encierra.

Lo nuevo de la viña: lo que probamos y nos encantó
En ese ambiente cálido y lleno de historia, también pudimos probar lo nuevo de la viña, vinos que muestran con claridad la etapa actual del proyecto y la mano de María Ignacia guiando una nueva generación.
Encierra Rosé 2024 — 100% Carmenère
Un rosado fresco, ligero y directo. Con 11,5° de alcohol, muestra fruta roja limpia, un toque herbal y buena acidez.
Textura by Encierra — Cabernet Franc 2024
Un vino que refleja con claridad el carácter del viñedo: frescura, textura y equilibrio. Proviene de suelos franco-arcillosos coluviales y pasó 12 meses en roble francés de segundo uso. Edición limitada de 5.000 botellas.

El futuro de Viña Encierra
Más allá del reconocimiento, el deseo de María Ignacia es simple y profundo: que Viña Encierra permanezca en manos de su familia, que cada generación aporte lo suyo y que la viña siga creciendo sin perder su esencia.
Si tuviera que resumir ese propósito en una palabra, lo dice sin dudar: lujo.
El lujo de hacer las cosas con tiempo, cuidado y sentido.
ChezCarlita
Cursos de Vinos y Catas. Noticias y datos de Vinos, Viajes y Gastronomía


Deja un comentario