Viñas Biodinámicas. Luz para nuestros viñedos
¿El vino está en crisis?
¿Vivimos un momento “oscuro” para la industria?
Probablemente sí. Pero repetirlo no aporta soluciones. No cambia nada.
Con esa mirada directa y propositiva, la Asociación de Viñas Biodinámicas de Chile realizó su 15º Encuentro Internacional, bajo un título elocuente: “Luz para nuestros viñedos”.
El mensaje central fue simple y actual:
si hay oscuridad, seamos nosotros la luz.
Este encuentro invitó a dejar atrás diagnósticos repetidos y pasar a la acción. A revisar qué podemos hacer —cada uno— para transformar el presente de la industria.

15° Encuentro Internacional de Vitivinicultura Biodinámica y Viñas Biodinámicas de Chile
El encuentro se realizó el 20 y 21 de noviembre en Viña Matetic, organizado en conjunto por la Asociación de Viñas Biodinámicas de Chile y Argentina. En Chile, las viñas que integran actualmente esta agrupación son Antiyal, Emiliana, Koyle, Lurton (Hacienda Araucano), Matetic, Odfjell y Veramonte, todas referentes del movimiento de viñas biodinámicas en el país.
Como anfitriona, Viña Matetic mostró en terreno sus prácticas orgánicas y biodinámicas, sus procesos de vinificación y una propuesta de enoturismo coherente con la filosofía de una agricultura consciente y alineada con la identidad del lugar.

Biodinámica: filosofía y práctica en equilibrio
En este encuentro de viñas biodinámicas, la conversación comenzó reconociendo algo esencial: la biodinámica no es una técnica. Es una manera de mirar el mundo. Por eso, antes de hablar del viñedo, se habló del lugar interno desde donde trabajamos.
¿Lo hacemos desde la prisa? ¿Desde la exigencia del mercado? ¿O desde una relación viva con la tierra?
Este enfoque propone volver a ese origen, entendiendo la finca como un organismo completo, con identidad propia, donde cada acción del productor impacta en el equilibrio del sistema.

¿Qué es la biodinámica y qué propone realmente?
Para muchos, este enfoque se asocia a preparados, compost o certificaciones. Pero su base es otra: una filosofía aplicada que invita a comprender la tierra como un ser vivo.
Desde allí nacen sus principios:
- trabajar en sintonía con los ritmos naturales,
- promover la biodiversidad,
- fortalecer el suelo como motor del sistema,
- y asumir que cada acción agrícola es también una decisión ética.
Más que preguntarnos cómo producimos, la biodinámica invita a pensar desde qué consciencia lo hacemos. Por eso, en las viñas biodinámicas la calidad del vino no depende solo del terroir: depende de la calidad del vínculo que establecemos con él.

El Camino Interior: lo que realmente mueve la industria
El concepto de “luz” tomó forma con la intervención de Joan Melé, Presidente de la Fundación Dinero y Conciencia y líder del desarrollo de la Banca Ética en Latinoamérica. Su exposición fue uno de los momentos más profundos del encuentro.
Melé explicó que la humanidad ha pasado siglos construyendo un “yo” separado del entorno —un paso necesario para despertar la conciencia individual—, pero que hoy enfrentamos otro desafío: volver a vincularnos con la vida, la naturaleza y nuestro propósito.
El reduccionismo científico y la desconexión espiritual han abierto una crisis de sentido, especialmente visible en las nuevas generaciones. Recuperar la mirada interior, reconocer que la realidad es más que materia y construir una relación consciente con el mundo se vuelve esencial para una etapa más humana, libre y significativa.
En la actividad “El Camino Interior”, esta reflexión aterrizó en lo cotidiano:
nada cambia afuera si no cambia primero adentro.
Se habló de decisiones más conscientes, vínculos honestos, trabajo con propósito y un ejercicio activo de la verdad.
Las viñas biodinámicas insisten en algo simple y profundo: ningún campo prospera si quienes lo cuidan operan desde la inercia o el agotamiento.

Antroposofía: una palabra grande, un mensaje simple
La base filosófica de este enfoque apareció de forma clara y práctica: vivir desde la libertad y la verdad, reconocer que el amor se expresa como belleza y armonía, y ejercer el poder no sobre otros, sino sobre uno mismo.
Crear —no reaccionar— fue una de las ideas fuerza:
crear con libertad, con convicción y con generosidad.

Un llamado a recuperar el sentido
“Luz para nuestros viñedos” no se sintió como un lema. Fue un recordatorio íntimo: el cambio empieza por nosotros.
La industria puede atravesar ciclos difíciles, mercados desafiantes o transformaciones globales, pero nada de eso define su destino final. Lo que sí lo define es cómo elegimos actuar: con claridad o confusión; con propósito o inercia.
Cada productor, cada enólogo, cada persona que trabaja la tierra tiene la capacidad real de aportar luz en sus decisiones, en su relación con el entorno y en la manera en que cuida el paisaje que lo sostiene.
No se trata de optimismo ingenuo. Se trata de responsabilidad. Se trata de sentido.
Porque cuando cambia la manera en que miramos nuestro trabajo, cambia también la manera en que lo hacemos. Ese pequeño giro —personal, cotidiano, profundo— es suficiente para mover una industria.
La luz no es un concepto abstracto.
La luz es una práctica diaria.
Y en este encuentro, las viñas biodinámicas dejaron una convicción simple y poderosa:
cuando iluminamos nuestra forma de estar, también iluminamos nuestros viñedos.

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