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Premium Tasting Santiago 2026: dos seminarios, dos miradas al vino

En la edición de Santiago 2026, Marcelo Pino y Paz Levinson lideraron dos encuentros muy distintos, marcados por sus temáticas y por las reflexiones que dejaron abiertas:

Marcelo Pino: abordó el potencial de guarda de los vinos blancos a través de 15 etiquetas que permitieron recorrer variedades, terruños, estilos y distintas etapas de evolución.

Paz Levinson: puso el foco en la enología actual dando protagonismo a 15 enólogas y productoras, quienes presentaron de primera mano la identidad de sus proyectos.

Marcelo Pino: Reivindicando el potencial del vino blanco

En Sudamérica arrastramos el mito de que el vino blanco debe tomarse lo más joven posible. Sin embargo, los avances enológicos y la evolución en los sistemas de cierre hoy garantizan una conservación impecable. Si bien no todas las etiquetas están hechas para envejecer, la capacidad de guarda no es exclusiva de los tintos.

Para Marcelo Pino, realizar este seminario era un desafío pendiente:

«Siempre se hace esto con los tintos, pero muy poco con los blancos. Tenemos el terruño, el clima y la capacidad técnica, pero no siempre se le destina el tiempo ni la cabeza necesaria para pensar el vino blanco a largo plazo. Muchas viñas debieron buscar en el fondo de sus enotecas añadas que no están a la venta. Lo que mostramos dejó en evidencia que Chile tiene todo el potencial para hacer blancos que no solo se disfruten hoy, sino que puedan guardarse a 10, 20, 30 o 40 años», reflexiona Marcelo.

Durante la sesión, Marcelo ofreció una sólida curaduría basada en una premisa clave: los grandes blancos del mundo capaces de evolucionar comparten climas frescos, suelos pobres, precisión en la cosecha, mínima oxidación y una acidez firme como columna vertebral.

Los blancos de guarda que sobresalieron

En una cata de 15 vinos blancos de larga guarda, estos fueron algunos de los que más disfruté y que, por distintas razones, mostraron con claridad lo que el tiempo puede hacer en una botella bien construida.

Talinay Sauvignon Blanc 2012: jugosidad y tensión desde Limarí

Más de una década después, Talinay Sauvignon Blanc 2012 conservaba una combinación preciosa de jugosidad y esa especial tensión calcárea del valle. Con una persistencia que alargaba el vino en boca, no era un Sauvignon Blanc sostenido únicamente por sabores o aromas, sino por una estructura firme y viva.

Casa Silva Cool Coast Sauvignon Blanc 2013

Me recordó a brisa marina y piedras mojadas. Un vino nítido, con fruta y acidez todavía presentes, precisión y un final largo. Otro buen ejemplo de cómo un Sauvignon Blanc puede evolucionar sin perder definición. Un detalle importante: venía con screwcap y probablemente fue uno de los vinos de la serie que mejor preservó su carácter de juventud.

💎Amelia Chardonnay 2017: tensión, vibración y elegancia 💎

Amelia Chardonnay 2017, de Quebrada Seca, Valle del Limarí, fue uno de mis favoritos de la degustación. No había un aroma o sabor que necesitaran imponerse. Lo que destacaba era el conjunto: tensión, vibración, elegancia y una delicadeza que se prolongaba muchísimo en boca.

De esos vinos que parecen simples precisamente porque todo está en su sitio.

💎Sol de Sol 2006: veinte años de evolución💎

El vino más longevo de la degustación. Veinte años en botella y una evolución preciosa que iba hacia la piel de naranja confitada y la tarta de manzana.

Un vino que acompaña, con un andar pausado, rondez y una sensación de dulzura. Todas las aristas parecían pulidas por el tiempo, dejando una complejidad cálida que me llevó a una tarde de té al lado del fuego.

💎Adrianna Vineyard White Bones Chardonnay 2016💎

Aquí la nariz sí reclamaba protagonismo: hierbas, miel, mentol y flores, junto a una boca con calidez, volumen, agarre y una marcada sensación umami. Un Chardonnay complejo, profundo y todavía lleno de energía.

Para mí, claramente dentro de la categoría de outstanding.


Paz Levinson: mujeres productoras y la forma de ocupar el espacio

El segundo seminario fue conducido por Paz Levinson y reunió a 15 enólogas y productoras presentando su trabajo. La selección mostró estilos, variedades y aproximaciones muy diferentes entre sí.

Vinos hechos por mujeres

Entre los vinos que más me interesaron estuvo Cenciciento, de Moretta Wines, con esa combinación entre suavidad y tensión. Durante la cata describí su textura como una especie de malla de nylon que acompañaba una fruta roja crujiente.

También L’Entremetteuse, un vino que normalmente podría superar mi propio “umbral de rebeldía”, pero que en este caso mantuvo personalidad y carácter sin perder el equilibrio y logró ser uno de mis vinos favoritos.

💎 Garage Wine Co. Semillón 2022: secano y persistencia 💎

Garage Wine Co. Parcel Selection Isidore Vineyard Semillón 2022, de Cauquenes, fue para mí uno de los outstanding de la degustación y un auténtico placer de beber.

Damasco seco, flores de tilo, algo de miel y pasto seco, junto a una textura de terciopelo.

Pero lo que más me quedó fue su permanencia. Esa resistencia a desaparecer de la boca, esa sensación de que el vino sigue ahí mucho después de haberlo probado.

Es secano, es Semillón y es una joya líquida. 💎

💎El Litre Cinsault de Ana María Cumsille💎

Un gran Cinsault que se desmarca del “easy to drink” para pasar a la categoría de lo que se bebe también para apreciar. El Litre logra un agarre fino, una cobertura de tanino suave y un trasfondo de fruta roja fresca y deliciosa que permanece y vibra en boca.

Sagrantino del Maule de Gillmore

El Sagrantino del Maule puso sobre la mesa una idea que me parece particularmente importante cuando trabajamos con variedades extranjeras plantadas en Chile. No estamos necesariamente frente a un vino italiano hecho en Chile, sino frente a un vino chileno elaborado con una cepa italiana.

El Sagrantino es conocido en Umbría por su enorme estructura tánica. Esta versión del Maule conservaba intensidad y carácter, pero sin reproducir exactamente esa rudeza. Había otra lectura de la variedad y, en mi impresión, un interesante potencial de longevidad.

💎Clos du Lican de Clos Apalta💎

Uno de mis outstanding de la jornada. Berries, violetas y una ligera nota mentolada. Un vino vibrante y armónico, con una estructura magra que lo sostiene todo. Bastante tanino, pero completamente maduro y aterciopelado. Una poderosa belleza.


Mujeres en el vino: tener un lugar y no tener que justificarlo

Mientras escuchaba las intervenciones, surgió en mí una impresión muy personal: a veces, las mujeres caemos en la dinámica de “justificar el estar allí”. Explicar la trayectoria, enumerar credenciales, validar nuestra presencia. Y en ese esfuerzo por demostrar por qué ocupamos un espacio, corremos el riesgo de diluir lo que verdaderamente fuimos a decir.

No es una crítica a las expositoras ni algo exclusivo de nuestro género, pero fue una reflexión inevitable. Quizá el siguiente paso sea dejar de sentir que debemos explicar primero por qué estamos ahí e ir directo a lo que importa: qué vino hacemos, cómo lo elaboramos y cuál es nuestra visión.

Sé que la invisibilización ha sido real y que esta necesidad de validarnos también puede entenderse como una respuesta aprendida. Sin embargo, confío en que llegue un momento en que ya no haga falta reclamar “un espacio por separado”.

Al final, somos distintos en matices, pero iguales en capacidad y, ojalá muy pronto, también en oportunidades.


Dos seminarios, dos conversaciones necesarias y un mismo nivel de excelencia

El seminario de Marcelo Pino puso el foco en una premisa que todavía cuesta afianzar en el consumo sudamericano: los grandes blancos no solo pueden envejecer, sino también ganar complejidad con el tiempo. La juventud no es la única vía hacia la calidad.

El de Paz Levinson, por su parte, abrió una reflexión igual de necesaria. Más allá de la identidad técnica de cada etiqueta, invitó a cuestionar cómo habitamos los espacios y cuánto tiempo destinamos todavía a justificar el derecho a ocuparlos.

Dos miradas distintas, dos debates necesarios y, por encima de todo, una muestra enológica de nivel excepcional. Vinos longevos, precisos, profundos y de factura impecable que confirmaron la madurez técnica de la industria y demostraron que una gran cata también se mide por las conversaciones que deja abiertas mucho después de vaciar las copas.

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Seminarios Premium Tasting 2023 y los 3 vinos que debes probar.


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2 comentarios

  1. Hace ya mucho, Carlita —más de 40 años, tal vez 45—, el último propietario del viejo y querido Torres antes de sus actuales dueños, echó abajo una muralla que obviamente no era estructural a fin de despejar más la vista hacia un escenario donde, los viernes y sábados, actuaban viejos tangueros y artistas líricos, encontrando un tesoro de viejas botellas de vinos cuyas fechas se desconocían, con etiquetas bastante borrosas. Ese viejo amigo que vendió el Torres a sus actuales dueños, me envió una botella de vino blanco —vinos de otras épocas con antiguos corchos que estaban a años luz de los actuales— como gentileza suya para atender a una de nuestras grandes pintoras, María Mohor, quien desde principios de este Tercer Milenio nos acompaña desde la eternidad; celebrábamos la inauguración de la que fue una de sus últimas exposiciones. A pesar de ese corcho y las condiciones de guarda, ese blanco de antiguas cepas resultó ser un vino excepcional de la vieja guardia, cuya edad ya nunca sabremos. Lo fundamental es que nuestra muy querida María Mohor y su hermana, estuvieron encantadas con ese hallazgo vitivinícola del viejo y querido Torres del Palacio Iñiguez del Santiago de Chile de La Belle Epoque, LRJ

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