Radiografía del Consumo de Vino en Chile: ¿Qué prefieren las nuevas generaciones?
Radiografía actual del consumo de vino en Chile según estudio de Criteria para Vinos de Chile
Chile es reconocido mundialmente por la calidad de sus vinos, con una sólida reputación en mercados internacionales y un arraigo profundo en la cultura local.
Pero, ¿Qué pasa con las nuevas generaciones? ¿Sigue el vino ocupando un lugar protagónico en la mesa chilena? ¿O está perdiendo terreno frente a nuevas alternativas como cervezas, gin o cócteles?
Un estudio reciente de Criteria entrega claves para entender este nuevo escenario.
Un vínculo que sigue vivo, pero menos frecuente
Según la investigación, el 81% de los chilenos mayores de 18 años consume alcohol, y de ellos, un 61% bebe vino o espumante. Sin embargo, solo un 13% lo hace al menos una vez por semana.
Aunque el vino se mantiene como la segunda bebida alcohólica más consumida, después de la cerveza, existe una brecha entre la valoración cultural del vino y su consumo cotidiano.

Uno de los grandes desafíos que revela el estudio es cómo devolverle al vino un lugar en las experiencias diarias.
No basta con ser un producto de calidad: hay que volver a contar su historia de manera que conecte con los hábitos, lenguajes y emociones del consumidor actual.
Las barreras: percepción de elitismo y miedo a equivocarse
Las razones del distanciamiento son múltiples. Desde la percepción de que el vino es una bebida “de élite” hasta el temor a elegir mal.
Esto se suma a la enorme oferta disponible, que puede resultar abrumadora para un consumidor inexperto.
La falta de orientación o “acompañamiento” en el proceso de descubrir el vino también ha sido un freno importante.

¿Qué piensan los sub-30?
Aquí hay una luz de esperanza: el 40% de los menores de 30 años declara que le gusta el vino.
Y cuando se les pregunta por preparaciones con vino, las cifras se disparan: el 71% disfruta el clásico terremoto, el 68% el melón con vino, el 65% las mezclas con frutas, y el 58% la sangría o el espumante con helado.
Estos datos demuestran que las nuevas generaciones no rechazan el vino, pero lo consumen de manera distinta. La clave está en abrirse a nuevas ocasiones de consumo y en formatos más lúdicos o desestructurados.

El vino como experiencia emocional y simbólica
Otro hallazgo potente del estudio es la carga emocional asociada al vino. Es la bebida preferida para una conversación profunda (52%), un momento romántico (41%) o de reflexión personal (40%). Además, es vista como la mejor elección para disfrutar en familia (58%) o en pareja (51%).
Este componente simbólico puede ser clave para reposicionar el vino no como una bebida solemne o lejana, sino como un puente hacia experiencias significativas.
¿Y el futuro?
Angélica Valenzuela, directora comercial de Vinos de Chile, lo resume así: “Nuestro foco ahora es llegar a las nuevas generaciones con una narrativa fresca, cercana y relevante, destacando al vino como una bebida que permite conectar a las personas, promover una cultura sostenible y disfrutar responsablemente.”
Oportunidades: más allá del maridaje
Las oportunidades están claras: explorar vinos espumantes, blancos y rosados en contextos más relajados; reforzar su identidad como bebida natural, saludable y versátil; y potenciar su valor emocional y cultural.
Chile tiene una historia vitivinícola rica y poderosa. El desafío ahora es actualizar esa historia para que resuene con quienes están escribiendo los próximos capítulos.
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