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Chiuso Ristorante en Vitacura: cocina italiana con historia argentina en Nueva Costanera

Hay restaurantes a los que uno entra y en solo diez minutos ya sabe que volverá.

Desde que llegué a Nueva Costanera, la experiencia tuvo un hilo conductor claro: buena cocina, buen vino y gente que sabe atender. Así de simple, así de difícil de encontrar.

Chiuso Ristorante está en Av. Nueva Costanera 3835, en Vitacura, pero su historia viene de Buenos Aires. El proyecto está directamente relacionado con Chiuso Buenos Aires, el restaurante fundado por Mariano Akman en Argentina, que ahora llega a Santiago con una adaptación propia: misma raíz italiana, acento porteño y una lectura pensada para este espacio, esta ciudad y este momento.


De Buenos Aires a Vitacura

Chiuso no nació en Santiago. Viene de Buenos Aires, pero esta versión santiaguina no es una copia del original. Es una adaptación. Conserva la forma de recibir, la relación cercana con el vino y una cocina italiana sin pretensiones innecesarias.

Hay algo muy porteño en la manera en que Chiuso entiende la experiencia. La comida importa, por supuesto, pero también importan la sala, el servicio, la sobremesa, la copa bien elegida y esa sensación de que el restaurante está pensado para pasarlo bien.


Una cocina italiana con identidad argentina

La cocina está a cargo de Miriam de la Fuente, socia de este proyecto y que llega con una propuesta colorida y de sabores definidos. Pastas rellenas, risottos y  bocados para compartir

No estamos hablando de una cocina italiana clásica. Acá hay pastas con rellenos generosos y sabores reconocibles Su identidad se marca en platos como los ravioles de roast beef o en el risotto con osobuco pero también en una pasta de sutil color rosa en una delicada salsa de mantequilla con zest de limón.

Chiuso – Risotto de hongos . Foto: © Auris Fotografía

Empieza por las croquetas de conejo y las Olivas Verdes all’Ascolana

Antes de meterte de lleno con las pastas, pide las croquetas de conejo con alioli y romesco y las Olivas Verdes all’Ascolana.

Las croquetas tienen un sabor distinto al bocado clásico. El conejo aporta profundidad, mientras que el alioli y el romesco suman cremosidad, intensidad y contraste. Es una entrada sabrosa, bien pensada y perfecta para abrir la mesa.

Las Olivas Verdes all’Ascolana van en la misma línea: un bocado entretenido, muy de aperitivo, ideal para acompañar una primera copa de vino. Son de esas preparaciones que parecen simples, pero que hacen que uno siga comiendo sin pensarlo demasiado.

Dos entradas que dicen bastante del restaurante: técnica, sabor y una cocina que no necesita complicarse para ser interesante.


Croquetas de conejo con alioli y romesco y las Olivas Verdes all’Ascolana. Foto: © Auris Fotografía

Pastas rellenas y risottos: el corazón de la carta

Las pastas rellenas y los risottos son parte fundamental de Chiuso. Y se nota que no están ahí solo porque “un italiano tiene que tener pastas”.

Hay una intención clara. Las pastas son generosas de relleno, las salsas acompañan sin tapar y los risottos llegan con buen punto y temperatura correcta.

Arma la mesa entre una entrada, una pasta y un risotto. La carta está pensada para eso.


Los vinos por copa: uno de los grandes aciertos

La selección de vinos por copa es uno de los grandes aciertos de Chiuso. No solo por variedad, también por precio.

En Santiago todavía cuesta encontrar restaurantes donde tomar bien por copa sin tener que pedir una botella completa. Chiuso lo resuelve muy bien, con copas entre los $4.500 y $8.500, un rango especialmente atractivo para quienes quieren acompañar la comida con vino sin que la botella condicione toda la experiencia.

Y esto, para mí, no es un detalle menor.

Una buena selección por copa permite moverse mejor por la carta: una copa para empezar con las Olivas Verdes all’Ascolana, otra para una pasta rellena, otra para ir hacia un risotto más intenso. Te da libertad. Te permite probar. Te permite disfrutar con libertad.


La sala: Gino Falcone, Whulio y una decoración que no está puesta al azar

La decoración estuvo a cargo de Gino Falcone, un nombre con peso propio en la escena gastronómica chilena. Arquitecto y diseñador de restaurantes, ha trabajado más de 40 proyectos y entiende algo que no todos los espacios nuevos logran: un restaurante no se diseña solo para verse bien, se diseña para contar algo.

En Chiuso, esa mirada se nota. La sala tiene carácter, pero no agota. Hay capas, objetos, color, humor y una cierta teatralidad que conversa muy bien con el origen porteño del proyecto. No es decoración puesta para llenar metros cuadrados. Es parte de la experiencia.

Los cuadros de Whulio son clave en esa atmósfera. Tienen gesto, ironía, color y una energía que le calza muy bien al lugar. No funcionan como simple fondo visual: acompañan la comida

Chiuso logra una sala con identidad, pero amable para quedarse.


El servicio: diligente, cercano y entretenido

El equipo de sala, bajo la conducción de Juan Rodríguez, funciona muy bien. Te reciben, te guían y logran que la experiencia sea entretenida sin invadir la mesa.

El servicio en Chiuso es diligente, acogedor y con buen ritmo. No se siente rígido ni distante. Y, sobre todo, hay algo que hoy se agradece mucho: te hacen pasar un buen momento.


El pequeño amuse dulce, el tiramisú y las infusiones

Antes del postre llega un petit amuse dulce. Sí, así como lo oyen: una previa antes del postre.

Es un detalle mínimo, pero no menor. Ordena el cierre de la comida y muestra algo importante del servicio: en Chiuso no solo están atentos a los platos grandes, también a esos gestos pequeños que hacen que la experiencia se sienta más cuidada.

Tiramisú . Foto: © Auris Fotografía

Después, el tiramisú. Sería un error perdérselo. Preparado con café Illy y un delicioso toque de malicia. Cremoso, intenso y muy bien puesto al final de una mesa italiana. No es un postre para “probar un poquito”. Es para pedirlo y agradecer haber dejado espacio.

También vale la pena mirar las infusiones. En Chiuso trabajan con Anamayate, un proyecto artesanal y de pequeñas producciones que suma un detalle distinto al cierre de la comida. Es una decisión pequeña, pero habla bien del restaurante: incluso después del postre, todavía hay algo cuidado para elegir.


Datos para ir a Chiuso Ristorante

Dirección: Av. Nueva Costanera 3835, Vitacura, Santiago.
Horario: lunes a sábado, 13:00 a 16:00 y 19:00 a 23:00.
Propuesta: cocina italiana de raíz ítalo-argentina, pastas rellenas, risottos, carnes, vinos por copa y una sala con personalidad.

Qué pedir en Chiuso

Para empezar: croquetas de conejo con alioli y romesco + Olivas Verdes all’Ascolana.
Para el fondo: ravioles de roast beef, risotto con osobuco, pastas rellenas y risottos para compartir.
Para tomar: explorar la selección de vinos por copa, con valores entre $4.500 y $8.500.
Para el cierre: pequeño amuse dulce, tiramisú con café Illy y ese toque de malicia; también vale la pena mirar las infusiones de Anamayate.
Para mirar: la sala de Gino Falcone y los cuadros de Whulio.
Para destacar: el servicio liderado por Juan Rodríguez: diligente, cercano y entretenido.

Chiuso Ristorante en Vitacura: por qué vale la pena ir

Chiuso Ristorante es uno de esos restaurantes italianos donde las piezas encajan: buena cocina, buen vino, buena sala y servicio que suma.

Su vínculo con Buenos Aires le da historia, pero su valor está en cómo esa historia se adapta a Santiago. No se siente como una copia importada ni como una apertura más en Nueva Costanera. Se siente como un restaurante con oficio, energía y una idea clara de hospitalidad.

No hace falta mucho más para querer volver.

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