“Al río Maipo”: arte, territorio y una nueva forma de vivir el enoturismo en Concha y Toro
La nueva instalación de Clemente McKay se incorpora al Centro del Vino Concha y Toro en Pirque. Una obra de agua, tierra y sonido que profundiza la mirada cultural y sensorial que la viña ha desarrollado en torno al vino.
Cuando Concha y Toro inauguró su renovado Centro del Vino en Pirque, también propuso una manera más amplia de entender el enoturismo. El vino continúa siendo el eje, pero la experiencia ya no se limita a recorrer una bodega, conocer el proceso de elaboración y terminar frente a una copa.
Historia, arquitectura, tecnología, gastronomía, arte y paisaje forman parte de un mismo relato. En ese contexto se incorpora “Al río Maipo”, una instalación del artista chileno Clemente McKay que dirige la mirada hacia un elemento esencial del territorio: el río que ha acompañado la historia agrícola y vitivinícola del valle.
La obra fue inaugurada en septiembre en la Plaza Concha y Toro y permanecerá como parte de la experiencia del Centro del Vino. No funciona simplemente como una pieza para observar. Invita al visitante a acercarse, escuchar e interactuar.

Agua, tierra y sonido
“Al río Maipo” reúne agua, piedras, tierra y sonido. La tierra aparece transformada en campanas de cerámica, cada una con una forma y una sonoridad propias. Al entrar en contacto con ellas, el agua activa distintos tonos que recuerdan el movimiento del río entre las piedras.
Los materiales son sencillos y reconocibles, pero su encuentro genera una experiencia profundamente sensorial. El sonido no llega desde un sistema externo ni busca imponerse al entorno. Nace de la relación entre el agua y la materia.
La instalación apela a una conexión natural y emocional con el visitante. Más que representar el río de manera literal, recupera algunas de sus sensaciones: el movimiento, la irregularidad, la resonancia y el carácter cambiante del agua. Cada interacción produce una respuesta diferente y convierte al público en parte activa de la obra.
En un centro dedicado al vino, esta elección adquiere un sentido especial. Antes de la viña, de la bodega y de la botella, están el agua y la tierra. “Al río Maipo” desplaza por un momento la atención desde la copa hacia los elementos que hacen posible la existencia del viñedo.

El río como parte del patrimonio vitivinícola
El Maipo no es solamente una referencia geográfica ni el nombre de uno de los valles vitivinícolas más reconocidos de Chile. Es parte de la historia productiva, cultural y social de la zona central.
Sus aguas han sostenido durante generaciones el desarrollo agrícola del valle y han acompañado la formación de uno de los territorios más estrechamente asociados al Cabernet Sauvignon chileno. Incorporar el río al relato del Centro del Vino permite comprender el territorio desde una perspectiva más amplia: no solo por los vinos que produce, sino también por los sistemas naturales y humanos que lo han construido.
La obra evita convertir esta relación en una explicación técnica. La hace visible y audible. Permite sentirla antes de racionalizarla y abre una conversación sobre la memoria y el valor patrimonial del río.
Un Centro del Vino que amplía su mirada
La incorporación de “Al río Maipo” es coherente con la dirección que Concha y Toro ha seguido desde la renovación de su centro enoturístico. La propuesta busca entregar una experiencia capaz de ir mucho más allá de los vinos, sin restarles protagonismo.
El museo interactivo dedicado a la historia y al imaginario de la viña utiliza recursos audiovisuales, animación y tecnología inmersiva para acercar sus relatos a públicos diversos. La histórica leyenda de Casillero del Diablo, por ejemplo, deja de ser una historia contada desde la distancia y se transforma en una experiencia de la que el visitante participa.
Esta combinación de patrimonio y lenguajes contemporáneos resulta especialmente relevante para el enoturismo chileno. Visitar una viña ya no consiste únicamente en aprender cómo se transforma la uva en vino. También puede ser una manera de comprender un territorio, entrar en contacto con expresiones artísticas y generar recuerdos asociados a la emoción.
“Al río Maipo” profundiza esa mirada cultural. No aparece como un elemento decorativo agregado al recorrido, sino como una obra vinculada directamente con el lugar en el que se emplaza y con la historia que el Centro del Vino busca contar.

Bodega 1883: la gastronomía completa el recorrido
Para vivir la experiencia de manera completa, mi recomendación es reservar tiempo para visitar también Bodega 1883 by Áurea, el restaurante del Centro del Vino.
La cocina está dirigida por los chefs Ismael Lastra y Tomás Saldivia y propone una lectura contemporánea de la gastronomía chilena, con productos locales y preparaciones concebidas para acompañar los vinos. Aquí la copa no es un complemento secundario: forma parte del punto de partida de la propuesta.
La carta permite recorrer distintas etiquetas y denominaciones de origen de Concha y Toro junto con sabores reconocibles de la cocina chilena. Es una forma coherente de cerrar la visita alrededor de la mesa, llevando el relato del territorio desde el paisaje y el arte hasta la gastronomía.

Una visita para vivir en su conjunto
El Centro del Vino Concha y Toro merece recorrerse sin prisa. Conocer su área histórica, visitar el museo interactivo, detenerse frente a “Al río Maipo” y finalizar en Bodega 1883 permite comprender el proyecto en su conjunto.
El vino sigue siendo el hilo conductor, pero a su alrededor aparecen el paisaje, la memoria, el arte, la tecnología y la cocina. Esa amplitud es uno de los principales atributos del nuevo centro y también una señal de cómo puede evolucionar el enoturismo chileno.
“Al río Maipo” recuerda que el vino no comienza en la botella. Comienza mucho antes, en la relación entre el agua, la tierra y quienes han aprendido a interpretar un territorio. En Pirque, esa relación ahora también se escucha.

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