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5ta Dimensión: el vino SEGÚN César Lupo

El vino es energía, lo somos nosotros y todo lo que nos rodea. Esa es una de las premisas que sostienen el pensamiento y la práctica de César Lupo, creador de 5ta Dimensión, un proyecto que nace entre los valles de Itata y del Maule y que une al vino con la vibración y la consciencia.

Su propuesta se inspira en la visión de Fresia Castro, escritora, periodista científica y máster en Arte, creadora del Método Cyclopea, que invita a reconectar con la frecuencia creadora y la energía del Universo.

A esta mirada se suma la influencia del investigador japonés Masaru Emoto, quien dedicó su vida a explorar cómo los pensamientos, palabras y sonidos pueden influir en la estructura del agua.


El lanzamiento de los vinos 5ta Dimensión en Le Flaubert

El lanzamiento de Vinos 5ta Dimensión se realizó en Le Flaubert, el clásico restaurante francés de Orrego Luco, en Providencia.
La cita reunió a un grupo reducido de invitados en un ambiente de calma y elegancia.

“Todos los que están aquí, están aquí por algo. Son personas que, de una u otra forma, han participado en el nacimiento de estos vinos”, comentó César.

Antes de abrir la primera botella, propuso una pausa. Nos invitó a cerrar los ojos y a escuchar la melodía del Hang. Así comenzó una breve meditación colectiva que marcó el inicio de la experiencia.


Un proyecto que une vino, memoria y energía

“El vino tiene su propia vibración”. 5ta Dimensión no busca competir con etiquetas comerciales, sino proponer una forma distinta de entender el vino, como un lenguaje que conecta tierra, historia y consciencia.

En la familia de vinos 5ta Dimensión, la cepa País —cepa patrimonial de Chile— es protagonista, junto a otras variedades criollas como el Torontel, provenientes de viñedos antiguos, cultivados de manera tradicional y con mínima intervención.

A ellas se suman cepas clásicas en Chile como el Carmenere y el Cabernet Sauvignon, buscando en estas últimas una expresión más suave y armónica, alineada al espíritu del proyecto.

Elaborar con coherencia

El proceso de vinificación sigue una lógica artesanal e intuitiva.
No hay prisa. La fermentación avanza a su ritmo, sin levaduras añadidas ni correcciones químicas.
Lupo insiste: si el vino nace de respeto y conexión, el proceso debe reflejarlo.

En sus bodegas hay cuarzos y música. Son parte de un método donde el sonido y la vibración acompañan la maduración del vino.


Una experiencia en cinco copas

En la mesa, las copas fueron revelando la esencia del proyecto.

Partimos por el corazón del proyecto: la cepa País. A ella están dedicadas dos etiquetas. Por un lado, Frecuencia, un País de carácter fresco y liviano, con notas a murta y rosa mosqueta, elaborado con uvas de Itata. Le sigue el País Lattice, podríamos decir su hermano mayor, que muestra una personalidad más compleja, de fruta roja madura, suavidad y armonía en boca, con esa rusticidad elegante que lo hace cada vez más querido entre los que buscan autenticidad.

Las clásicas Carmenere y Cabernet Sauvignon, provenientes del Maule, se expresan bajo la mano de Lupo con un carácter ligero y terso, alejándose de la pesadez y las notas acarameladas que suele entregar el abuso de madera.

Finalmente, la hermosa y femenina Torontel —cepa criolla por excelencia, hija de las variedades fundadoras de los países que fueron colonia española: Listán Prieto (País) y Moscatel de Alejandría— encantó con su perfume tropical y floral y su textura envolvente.

No fue una cata tradicional, sino un diálogo.
Cada vino dijo algo distinto, pero todos compartían una intención: hacer sentir.
Y cuando sonó el cuenco azul, una orquesta de grillos acompañó desde el jardín.
Un cierre natural y mágico, muy al estilo de César Lupo.


Maridajes y anfitriones de excepción

Las preparaciones de la velada estuvieron a cargo de Alejandro, chef de Le Flaubert y hermano de César, quien fue presentando cada plato y compartiendo los detalles de cada maridaje.

El primer vino, País Frecuencia, se acompañó con chips de camote y paté casero, uno de los maridajes más comentados y favoritos de la noche por su sencillez y armonía.

Por su parte, el Carmenere fue acompañado, de forma osada y exitosa, con croquetas de salmón y tocino, servidas junto a una crema a la mostaza, una combinación que sorprendió por su equilibrio entre intensidad y suavidad.

La propuesta gastronómica de Le Flaubert, marcada por la elegancia francesa y una sensibilidad local, logró potenciar cada vino, evidenciando la complicidad entre ambos hermanos: uno desde la cocina, el otro desde la bodega.

Fundado hace más de 30 años por Ximena Larrea, Le Flaubert es un clásico de la escena santiaguina. Su cocina francesa contemporánea y su ambiente cálido lo han convertido en un referente de la buena mesa y en el escenario perfecto para una velada que unió arte, vino y emoción.


El camino de César Lupo

César Lupo lleva años explorando los límites entre la vitivinicultura y la energía. Su formación técnica convive con una visión espiritual que se refleja en cada detalle del proyecto. No busca convencer, sino compartir una experiencia.

“Si logramos que quien lo beba sienta algo distinto, aunque no sepa por qué, ya está”, comenta con una sonrisa.


Una invitación a otro ritmo

5ta Dimensión no pretende ser un vino para entendidos, sino para quienes disfrutan de detenerse y observar. En tiempos de ruido, la propuesta de Lupo parece sencilla pero profunda: volver a escuchar al vino y dejar que sea él quien hable.


Para los más curiosos: el legado de Masaru Emoto

Masaru Emoto (Yokohama, 1943 – Tokio, 2014) fue doctor en Medicina Alternativa y se dedicó a investigar las propiedades del agua desde una mirada humanista. Sus experimentos con cristales de agua congelada demostraron que las emociones y las palabras pueden modificar la forma en que las moléculas se organizan: las muestras expuestas a mensajes de amor o música clásica formaban estructuras armoniosas y bellas, mientras que aquellas sometidas a sonidos agresivos o palabras negativas mostraban formas caóticas.

Su conclusión fue simple pero reveladora: si el agua responde a la vibración emocional, y nosotros somos entre un 70 y un 80% agua, también nuestras emociones y pensamientos pueden transformar nuestra materia. Esa visión inspiró a Lupo a integrar cuarzos, vibraciones sonoras y música en la elaboración de sus vinos, buscando elevar la frecuencia del líquido y, con ello, la experiencia de quien lo bebe.

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